Y no he podido quitarme de la cabeza la imagen de ese joven conductor, poniendo una pegatina de volkswagen en su reluciente y blanco Mac. Cosas mías.
Que digo yo, ¿a qué viene ese orgullo de poseer algo?
Dándole vueltas, mientras iba en mi moto, me imaginé que en realidad tiene un golf porque no podía comprarse un Audi. Por eso llevaba una pegatina de Mac.
Me explico.
"No tengo dinero para comprarme un Audi, me pillo el Golf, que es casi lo mismo. De hecho, lo voy a comprar con el mismo color negro metalizado, que brilla que es un primor" (perdonad el símil viejuno).
El tipo está orgulloso.
Ahora el mismo tipo a la hora de comprarse el Mac.
"Tengo dinero para comprarme un Mac, brillante y reluciente." Y cuando paga con la tarjeta de crédito, se acuerda de los pobrecitos que tienen que conformarse con un ordenador, que no sea Mac. Y claro al sacar de la caja su flamante Mac, busca como de pasada, sin darle importancia, dónde estará la pegatina de la manzanita.
La encuentra y ya sabe dónde ponerla, en su casi Audi.
El afán de creerse más listo o más interesante que el resto por algo tan vulgar, me recuerda el chiste del español que vuelve indignado de Francia, al preguntarle un amigo por qué está tan enfadado, le contesta: "estos franceses, se creen superiores, nos tratan como si fuéramos portugueses". Pues bien, he trabajado durante años con Mac y también con ordenadores basados en windows. Y sólo puedo decir que se cuelgan igual y que tienen fallos.
Y no, no tengo ni un Audi, ni un Golf, ni siquiera un Mac.
Las únicas marcas que me interesan de verdad son las que deja el sol en un bonito cuerpo de mujer.
Una buena campaña publicitaria que ha marcado mucho.

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